El Patrimonio amenazado

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Iglesia de Palmar, acuarela sobre Arches, 46 x 61

Cuando en 2008 se declaró en emergencia el Patrimonio Nacional, me encantó trabajar en el inventario del patrimonio arquitectónico de la costa.

El sueño —porque había un sueño— se establecería entre el propietario y su inmueble, con la inversión del Ministerio de Patrimonio que especificaba, eso sí, no cambiar la naturaleza del uso del inmueble. ¿Nombre del sueño?: “Socio Patrimonio”.

No sé por dónde andará ese sueño, pero el inventario está y el siguiente paso debería ser armar los expedientes…  de los de más de 1000 bienes inventariados, previo a su declaratoria…

No creo que eso se vaya a dar, a menos que encontremos diamantes, plutonio o  estroncio 90. El casi es que nosotros nos hemos comportado como el sismo de este Patrimonio.

Por entonces, la fragilidad del Patrimonio nos acorralaba a los equipos que, mapa en mano, íbamos de poblado en poblado armando las fotos, la ubicación satelital y la descripción estilística, formal, estructural del objeto arquitectónico en cuestión… Una tarde, en el cantón Playas, levantamos una casa encantadora. Toda ella pintada en blanco, tan cuidada, sus molduras, fustes de columnas… Tan linda.

Nos despedimos de la casa para dedicarle toda la mañana del día siguiente, pero la casa no amaneció. Esa noche se quemó. No tomamos fotos y del testimonio de su entereza estilística, recuerdo que apenas examinamos los palos que se salvaron… Eran de colorado. Una viga rota mostraba su corazón rojo, inmaculado, como si lo hubiesen aserrado la semana anterior.

Por otros lares, en Vinces, en su frontera agrícola, encontramos una casa hacienda de unos 80 años, tal vez más a juzgar por los materiales empleados en su galería. De esta suerte de corredor externo  (porque desde él se accedía al salón, a los cuartos y hasta a la azotea) lo que me pareció  más asombroso fue su tumbado; cuando nos aprestamos a medir sus tablas descubrimos con estupor que eran de unos 60 cms.  de ancho, y su longitud ¡de unos 15 metros! ¿Qué clase de bosques, nos preguntamos, podía ofrecer tablas tan anchas y que labradas tuvieran semejante longitud?

La casa ostentaba otras virtudes.  A cuatro aguas, sus aleros eran de 2 metros o más; sus escaleras, muy interesantes en su concepto, albergaban cientos de murciélagos, fenómeno común en toda la costa. ¡Y la mesa era la sección de un árbol, era una sola pieza de madera como de 2.5 metros de diámetro!

Como siempre ando “acuareleando”, fruto colateral de ese inventario fue una muestra que presenté por 3 ocasiones (una en el Museo Municipal del puerto, otra en la Facultad de Arquitectura de la Católica y otra en el INPC de Guayaquil)  y que únicamente fue apreciada por los panas que formamos parte de aquel grupo del inventario patrimonial, por el decano de la facultad y por el director del INPC. El título de la muestra me encantaba: “A dos aguas”.

Cómo omitir el caso de la iglesia de Palmar. Tomé registro, allá por 2009 —creo—; era una tarde de domingo y la gente esperaba a sus alrededores para entrar a misa de seis, mientras el sol brillaba todavía con furia dominguera. Volví a Palmar en 2014, cuando estuve a cargo de la Dirección de Destinos del Ministerio de Turismo y, vaya sorpresa: en el ínterin el templo había sido abandonado y las autoridades del pueblo (alguien debió pensarlo así, incluyendo al párroco), en lugar de organizar una buena intervención en su arquitectura sobria y elegante, les pareció más lindo hacer otra iglesia con pinta de templo Mormón, y al frente de la original como para hostigarla por vieja y anticuada, y esperar ahora sí que el tiempo, las desgracias, y los elementos naturales se encargasen de sepultarla en el olvido y en el suelo.

No pinté la iglesia en aquella muestra, pero pinté una especie de astillero playero donde, por un gigantesco foramen en su quilla, se remendaban las cuadernas de un pesquero. Se trata de una de mis mejores acuarelas de todos los tiempos. Hostigado por el templo católico—mormón del poblado fui a la playa y allí seguía impávido el barquito aquel, con el mismo foramen, con los andamios de los carpinteros, rotos y destartalados; la nave, con su esperanza de lastre, mantenía la proa al sol sin jarcias ni carena.

De llorar. Ecuatorianos y sus ecuatorianismos.

Astillero

Y ahora nos sobreviene la desgracia más desgraciada, inmisericorde y maldita, y que nos caga la suerte. Por ahí leí del optimismo de Pablo Salgado por volver a levantar la iglesia de Calceta… De acuerdo. Pero si una vez fue intervenida… ¿Por qué, pues, se ha vuelto a caer? Como se habrán caído otros tesoros patrimoniales en Ancón, Bahía de Caráquez y quién sabe cuántos más, y en lugares de cuyos nombres ni siquiera estábamos enterados.

Creo que si no nos encargamos de la salud del patrimonio arquitectónico  en mejores épocas esta es, a  todas luces, la menos indicada, a menos que se trate de símbolos edilicios que sicológicamente reconforten a los vapuleados ciudadanos de Manabí, Esmeraldas o Los Ríos, y pongamos un billete allí y nada más que allí: en esos edificios atesorados por su significado conmovedor.

Así que, según mi modesto parecer, lo único que nos que queda es rescatar a la gente que sabía construir ese tipo de edificaciones, antes que desaparezcan de la memoria y de su suelo.

En Zapotal
Casa en Zapotal. Acuarela sobre Strahmore de 300, 30 x 45

 

Que no sepa tu mano izquierda…

Mafalda en el espejo

Cosas del Nazareno.

Lo cierto es que de lado y lado, tanto partidarios del gobierno como de oposición, han tratado como asunto vergonzoso el identificar la fuente de sus donaciones para los damnificados del terremoto del 16 de abril.

Formados en los rigores, reblandecidos por cierto, del catecismo o similares, me figuro que todos estos cristianos han de pensar en la bondad silenciosa, en la prudencia, en la modestia, y en otras virtudes cardinales o teologales, como nortes del comportamiento caritativo… Principios que el opuesto no estaría observando.

Pero para ambos grupos es bueno saber no sólo qué y cómo se organizaron, sino cómo lo hicieron los otros, y el único modo de hacerlo patente es poniendo una marca en el producto, en la funda, en el vehículo… Y así todos aprenden, de los tiempos, del sistema usado, de la cantidad ideal de colaboradores, del porcentaje de aquellos que fueron vagos o esmerados por figurar, o que eran ineficientes, que eran poco honestos, o precisamente todo lo contrario; o del sistema de embarque, de la disponibilidad del transporte, de la logística de combustible y de la destreza de los conductores (y de su edad, sus hábitos, y de su resistencia ante las inclemencias cotidianas).

¿Cuántas toneladas manejaron a fin de cuentas? ¿Cuántas por día y cuántos participaron? ¿Habrá modo de responder  a esta y otras preguntas que, en el caso no deseado de eventos similares, tengan una respuesta no sólo solidaria sino más expedita?

Así que a no hacerse mala sangre. Llegan las fundas de Alianza País… ¿Quién las ordenó? ¿Hubo cálculo político o, simplemente, hete allí que había que guardar las cosas en algún lado y allí estaban?  El MIES, por ejemplo, ha estado en todos los inviernos, en todos los incendios e inundaciones del pasado reciente, ¿cómo no va confiarse en su organización? Y puede que el nombre de AP en las fundas resulte antipático, pero ¿cómo debió procederse? ¿Por qué la caravana de vehículos enviados por el MI cabildo guayaquileño ostentaba el origen de esa formidable donación? ¿Y por qué no? El principio es el mismo que usó una comunidad modesta de la Península de Santa Elena que rotuló en los sacos de dónde provenía esa ayuda…  A larga, todos ayudaron, las víctimas no son de nadie en particular; y es una idiotez, en medio del dolor de los daminificados, buscar mezquindades en la forma de ayudar o en los errores de distribución. Las redes, en tiempos impresionantes por su rapidez, de tan conmovedoramente solidarias volvieron a ser la cloaca de siempre, pero hasta de eso habrá que aprender.

Ciencia Ficción en los días de la radio

Mis días de la radio terminaron cuando a casa llegó la tía Celia con un televisor.

Y entonces el señor Spock, siempre tan oficioso, desplazó a Luis Dragón, el Conquistador del Espacio como gran mentor de la CF de mis años proto—adolescentes.

Este personaje que, en rigor, no era otro que Flash Gordon en cristiano, iba acompañado de Cenia (en lugar de Dalia Arden) y del profesor Moltus (en lugar de Hans Zarkov) por todos los recovecos del espacio, luchando sin tregua con malvados como el dictador Carpatos, o con esa hueste infernal de los Monstruos Flexibles, cuyo líder se enamorara perdidamente de Cenia…

Hace poco me enteré de que se trataba de una radio novela cubana, cuya audacia ficcional se habría interrumpido con la revolución, pero que dejó excelentes lecciones en los precoces cultores del género.

Por esa época (comienzos de los 60) también hizo su aparición radial “Marcianita”, una muy popular canción de Billy Cafaro a la que me entregué sin reservas.  Entraba Billy sin ambages:

Ignorada marcianita

La frase implicaba algunas postulaciones: las más aventuradas sugerían que no sólo existían los marcianos, sino que habían mujeres entre ellos, de paso ninguneadas; y sin embargo susceptibles de ser tratadas tiernamente… Y para mayor certeza:

aseguran los hombres de ciencia

que en 10 años más
tú y yo 
estaremos tan cerquita
que podremos pasear por el cielo

 y hablarnos de amor.

 

¡En diez años!

Yo que tanto te he soñado 
voy a ser el primer pasajero que viaje hasta donde estás.

En la tierra no he logrado
que lo ya conquistado

se quede conmigo no más.

¡Una declaración política, a todas luces! ¡Un plan inaudito de trasladar al espacio nuestros eternos planes propios de una especie colonizadora, hasta en aras del amor!  Billy entonces se esmeraba al máximo y su voz inagotable expresaba sus más caros deseos:

Quiero una chica de Marte que sea sincera,
que no se pinte, ni fume, ni sepa siquiera lo que es rock and roll

Esta declaración es comprensible ya que viene de un rockero… Que el rock es todo pero es ingrato, que el mundo del rock es de este mundo y que sería bueno que existieran otros menos decepcionantes…

Marcianita, blanca o negra
espigada, pequeña, gordita, delgada serás mi amor,

La distancia nos acerca 
y en el año 70 felices seremos los dos.

¡En sólo diez años!

https://www.youtube.com/watch?v=eRvwDefiLQ8

(Hay una versión de Celia Cruz con la sonora Matancera, donde un marcianito reemplaza a la marcianita.)

¡NARANJAS!

Cuadro en acrílico, de 70 x 75, y cuya NO-admisión en el último Salón de Octubre constituye, para su protagonista, un verdadero misterio. Cabe recalcar que todas las opiniones aquí vertidas no son responsabilidad del autor sino de la mismísima fruta.Naranjas

Consciente -la naranja- de sus atractivos y esplendores propone un primer plano donde ella es LA protagonista. Insoslayable e inocultable seleccionó los tonos fríos del fondo para lucir todo el fragor de su vistosidad; haciendo memoria de su capacidad metafórica, no duda en aparecer ya como la tierra, ya como la luna, por el simple hecho de ser redondas como ella. Muestra luego su perfil, su sección transversal, pregona su abundancia colorida y hasta el antiguo sistema del acarreo en los clásicos mercados de abastos, nos invita a beber de su jugo envasado en casa, y nos remite a la visión casi heráldica del árbol típico (el citrus rutácea auraniácea) engastado en un paisaje que incorpora agua, cielos, y una que otra montaña; no se inhibe (para nada) de mostrar sus flores y el encanto que suele comunicar a los ramilletes y excluye, de manera concluyente, al melón como probable camarada de aventuras. ¡Ah!, pero en su erogenia desmedida adapta sus redondeces a las inducciones chupadoras y mamarias, propias de los pectorales femeninos.

Con tantos argumentos a su favor, la fruta se creyó merecedora, por lo menos, a ser admitida en el salón, pero nada. Yo, para consolarla, le recordé que el populacho, en toda la marejada existencial de su día a día, vive evocándola y traduce su nada existencial a su nombre:

-¿Qué haces?

-Naranjas.

-¿Cuánto ganaste?

-Naranjas

-¿Qué chupas?

-Naranjas

Que siga, nomas, edulcorando el paladar de los mortales, no hay mejor premio que ese reconocimiento popular y democrático. ¡Se imprime!

El ramo (de la serie 200)

el ramo

Me dio una rosa, me dijo bella, estoy enamorado, me dijo.
-¿Harías cualquier cosa por mí, hasta matar, por ejemplo?
Chico prudente:
-Sólo si te quisiera mucho.
Mi crueldad de asalto, directa y sobreactuada:
-¡Oh! Entonces, ¿aún no me quieres mucho?
De todo lo dicho lo único cierto es que necesitaba que alguien hiciera algo por mí, que tal vez me quisiera, y que LO matara. Por eso permití que me acompañara. Tras la puerta debió escuchar, debió sorprenderse del silencio de mamá, debí aterrarlo con mis gritos. Mis instrucciones y su curiosidad harían el resto… el miércoles.
El miércoles mi caballero llegó puntual. Lo imaginaba nervioso y bien peinado. El esposo de mamá, en cambio, estaba furioso, y cuando sonó el timbre me trató de zorra, me agarró del cabello, “no vas a ir, ¿entiendes? ¡Puta!”.
Sin drama: grito desgarrador, palabras bien pronunciadas:
-¡Madreee, ayúdame!
Me zafé, abrí la puerta y allí estaba mi caballero con un ramo de flores, ¡acompañado de mamá!
-Déjame entrar –dijo en un murmullo.
-¿Qué piensan hacer? -Pregunté, mientras mamá pedía silencio en silencio.
-¡Puedes meterte tus flores por el culo! –Le dije.
¡ÉL estaba sonreído, cuando cerré la puerta! ¿Y yo? ¡Sin miedo!

ENGABAO, futuro inmediato… El Arte detrás de la Gente

Engabao Pto. Engabao

Engabao es único. No conformes con hacer avistamientos de Ovnis, allí los ven haciendo carreras… O, al menos eso es lo que predica su letrero, el más fabuloso de la Ciencia Ficción viva de Latinoamérica: OVNIÓDROMO.
Pero sobre todo, Engabao es un pueblo inmerso y orgulloso de su faena primordial: la pesca. Tan inmersos están en sus tareas que, a pesar de las socializaciones y capacitaciones de rigor, alguna vez que se programó un evento internacional de Surf, lograr que los pobladores retiren sus embarcaciones del varadero de la playa fue más titánico que alzarse con una ola tubo de tres metros o más.
Puerto EngabaoBotes Engabao

En otra ocasión como funcionario del Min Tur visité el poblado para investigar si el surf podría provocar un emprendimiento local de tablas que posicionara a la población en la óptica no solo de nuestros surfistas, sino de los aficionados extranjeros a las olas. Aquello implicaba contar con la guía de los artesanos de Playas a quienes no les llamó la atención, realmente, crear una “escuela” de hacedores de tablas lejos de su sitio de trabajo, y lo cierto es que a los “engabianos”, “engabaosenses” (o como fuere su gentilicio)  les importaba un pito el dichoso emprendimiento.

Octubre, 40 x 30cm sobre cartulina de 360grs $220,00

29 Acantilados en Engabao
Estas acuarelas salieron de los registros que tomé del lugar a lo largo de muchos meses, y aún creo que Engabao y su puerto tienen recursos que no he terminado de trasladar al papel.
Entre sus problemas realmente serios está el agua, aunque un tratamiento de sus drenes durante el invierno permitiría guardar humedad suficiente para faenas agrícolas; tarea para GADs y otros ministerios (MAE, MAGAP, SENAGUA).
Otro problema geográficamente cercano es el polígono de tiro de la FAE. Ignoro si seguirán sufriendo de esa especie de bombardeo seco, de guerra de ruidos, de terrenos de míralos pero no los toques, que sólo han contribuido a volverlos más curtidos y a esperar menos, por no decir nada, como cualquier pobre del país. Y ahora les quieren armar su nueva cruz: el Resort de Engabao donde nunca podrán entrar a menos que vayan de siervos, que es la fórmula social favorita de los emprendedores que pregonan las miles de plazas de trabajo que vienen acompañadas de su inversión, de spots de TV y Brochures on line. Engabao se imagina con toda precisión lo que realmente va a pasar: que van a ver a lo lejos a un pilo de gente bronceada y con gafas en los predios naturales que siempre fueron suyos, con el aplomo y la soberanía que por centurias ellos ejercieron al caminar sus playas que ya no caminarán más.
Las comunas de todo el país están pendientes de lo que suceda con Engabao.

“Abras de Mantequilla”, el Arte detrás de la gente

Esta acuarela fue pintada en el humedal “Abras de Mantequilla”, situado al norte de la población de Vinces y que constituye un sistema único de ríos y esteros que, por condiciones topográficas excepcionales, han formado una red imbricada y, a veces, interconectada de lagunas de gran tamaño.
Las “Abras” ocupan una superficie de 22.500 has. a una altura de 30 a 60 msnm, y una temperatura media de 25°. Es un conjunto de abras o lagunas estacionales y permanentes (Central, Mantequilla, Cimarrón, El Garzal, San Juan, El Abanico y Mapancillo), que tienen la función de mitigar los altos volúmenes de agua recibidos por el desbordamiento de los ríos Vinces, Quevedo y Puebloviejo. Las lagunas son alimentadas por aguas de precipitación pluvial y de las aportadas por ríos y esteros, entre ellos Río Nuevo, El Tigre, El Floral, El Lagarto, Cacagual y Los Cerros, que también son de origen pluvial. En la época de mayor inundación las Abras puede llegar a contener hasta cincuenta millones de metros cúbicos de agua. En los alrededores hay aproximadamente ochenta poblaciones rurales que se abastecen de agua del humedal.
La conciencia ecológica de estas comunidades es ejemplar. Una de las cosas que me llamó la atención fue el impacto casi agobiador del silencio. Un silencio tan envolvente, tan inusual, que cualquier cosa lo interrumpe sólo para enfatizar otra clase de belleza: una garza, un pájaro invisible dentro de los bosques de samanes, un mono aullador. Pero la gente, volviendo a ella y al mentado silencio, no usa botes a motor… por varias razones: para no dañar taludes, para no contaminar, para no olvidar que hay que construir canoas y que no se debe perder la tradición de construirlas de madera, así estén de moda las fibras y sus ostentosos motores fuera de borda.

Fuera de las Abras los cultivos son de maíz… Y como que la cosa no les termina de cuadrar del todo a las comunidades, pero es que de algo hay que vivir y someterse -a las bravas- a los mecanismos de las grandes comercializadoras de productos agrícola que les pre-compran la cosecha, para después decir que por superproducción los precios se fueron a pique y que el saldo no se parece a lo que soñaban.
Pero como se trata de especies de ciclo corto, DOS veces al año tenemos “Feria del choclo”, donde los pobladores sacan a relucir todas las comidas imaginables a base de maíz. Y allí hay muchos emprendimientos de Turismo Comunitario a los que no les paran bola. Sé también que hay un proyecto para un muelle… ¿Será? ¿Y para qué, si las canoas son sin quilla y lo que precisan son varaderos? Misterios.

Charlie, Olafo y el Negro Bembón

Ya no soy Charlie pero lo fui durante días, que conste, hasta que vi al imbécil de Netanyahu desfilando en París. ¿Qué tenía que hacer ese cabrón en un “solidario” y sentimental desfile galo en homenaje a sus díscolos y sensacionalistas ilustradores de Charlie Hebdo? Bien cojuda Europa que le permite asistir y ponerse en primera fila pa´ decirle a Hollander: “hazte el cojudo, ni se te ocurra sugerir que fomentamos a los Yihaddistas. Danos las gracias porque ahora que todos odian al Islam, tú podrás poner en funcionamiento tu descontinuada maquinaria bélica, y nos ayudas con Siria, ¿me entiendes? Y el socialista Hollander entendió perfectamente (¿socialista, este lameculos del imperio, haciéndole caso a un facho del Likud?).
La prensa ecuatoriana, ni se diga. Saben que los Yihaddistas son unos hijos de puta, pero ni se han enterado de quién los creó y quién los financia. ¿Una sola palabra, la menor ironía contra la presencia de Netanyahu en el desdichado desfile? Esa prensa que tardó semanas en dar crédito a los desaparecidos de Ayotzinapa, con qué diligencia se hizo eco de todos los charlistas que “a millares surgir” brotaron por las redes… Ahí debí maliciar. Cuando la prensa local se pone a favor de algo, ese algo NUNCA es limpio.
Gracias a esta y otras suspicacias se me fue desinflando mi Charlismo… Y he optado por ser Olafo.
Militancia que asumo ante el pavor generado por la Súpercom que, SI NO SE LA PARA, terminará por descuadernar toda la literatura ecuatoriana que debe estar plagada de personajes racistas, violentos, machistas, homofóbicos, comecuras, masones, comunistas, fachos, y más linduras. Como para realizar semejante dislate precisan leer y convertirse en lectores críticos, conversión que NO se ha dado en funcionarios tan acomedidos como oficiosos, habrá que recordarles que un personaje tiene que ser consecuente con su origen y destino literario… ¿Qué puede hacer Olafo sino sitiar castillos, lidiar con especies casi extintas (dragones), con Chiripa, con el orden doméstico de Helga, con el consumismo de Astrid y con los libros de Hamlet? ¿Y no permitirle un desahogo? ¡Me declaro Olafo y cervecero!
¿Y el negro bembón?
Hay dos negros bembones. Mejor dicho, debe haber millones pero me basto con estos dos.
En el primero don Nicolás Guillén, negro, poeta universal, cubano y de la revolución, y probablemente de muchas revoluciones por hacerse, retrata a su “familia” como se mentan los negros por acá.

¿Po qué te pone tan brabo,
cuando te disen negro bembón,
si tiene la boca santa,
negro bembón?

Bembón así como ere
tiene de to;
Caridá te mantiene,
te lo da to.

Te queja todabía,
negro bembón;
sin pega y con harina,
negro bembón,
majagua de dri blanco,
negro bembón;
sapato de do tono,
negro bembón…

Bembón así como ere,
tiene de to;
Caridá te mantiene,
te lo dá to.

Don Nicolás, si son agudos, “escribe como habla”, una licencia literaria que se toma porque sabe escribir en cristiano mejor que muchos cristianos… Vaya usté a saber qué dirían los que por acá denostaron al Tin su falta de “preparación”.
El Negro Bembón 2, es conocidísimo, “todo el mundo lo quería”. Su tragedia comienza con su muerte violenta. Llega la policía, apresa al matón, y a uno de los policías –bembón- le toca la mala suerte de hacer la investigación. (Pueden imaginar el interrogatorio cantado por Bobby Capó, Ismael Rivera, o por Celia).

¿Y saben la pregunta que le hizo al matón?
¿Por qué lo mató, dé usted la razón?
¿Y saben la respuesta que le dio el matón?
“yo lo maté por ser tan bembón”
el guardia escondió la bemba, y le dijo:

-Ya-… Pero todos bailamos con esa muerte, con el estupor del policía y con el cinismo del matón. Mis panas negros hacen lo propio y hasta me invitan. Para todos, ese episodio vive dentro del universo de las canciones que tanto afecta al nuestro, y que la Supercom está por descubrir… Pa´ censurar, pueh… Pa´ prohibir. Se creen imparables… E inevitable, se me viene a la cabeza el caso del Tin.
Le han armado un lío al tal Bonil (que, para ser justos, tiene más de agrio que de humorista). El Tin se habría defendido mejor mandándolo a la mierda, o haciéndose el cojudo, que es lo que hace todo el mundo y hasta con la gracia de dios.
En conclusión, la prensa no puede sentirse dueña del rasero perfecto, pero la Súpercom tampoco; y siempre existen cosas más importantes por las cuales dar la cara, y debe ser el ciudadano quien reclame por ellas… Ya que pongo a los negros en el tapete, después de tantas décadas de declarar que Lumumba fue asesinado por la CIA, y nuestra prensa de hacerse la cojuda, cuando la desclasificación de documentos yanquis nos lleva de cara a la verdad, ¿qué ha dicho nuestra gloriosa prensa? Nada pueh, ni han de saber ya quién fue Lumumba.

Guasmo Sur, II premio de novela CCNG
Guasmo Sur no es simplemente un thriller erótico, es la visión -desde dos puntos de vista completamente distintos- de una realidad diaria que pertenece única y exclusivamente a esta parte de la urbe guayaquileña.
“Con humor y sagacidad Fernando Naranjo nos hace un breve recorrido por el submundo de las clases bajas, nos introduce en sus dramas, celos y enredos, nos hace percibir lo que es vivir siendo pobre y sin educación, cómo el ámbito laboral está lleno de trampas y tramposos, de aprovechadores y abusados, y cómo hombres y mujeres viven esta realidad en la que están inmersos.
Guasmo Sur es una novela compleja en la que se mezcla el trabajo detectivesco con el humor único de los guayaquileños. Trabajo inteligente que se gana por sí solo su lugar en la nueva novela ecuatoriana.”
Por Sheila Sánchez, desde NY