Santa HOLANDA CLIT VALENTE

Santa Holanda Clit Valente

Virgen y mártir, fallecida en 6403. (Mucho se discute si, por ventura, se trata de la misma Holanda venerada en todos los mundos de Tau Ceti)
Fecha consagrada a su memoria en el Santoral de Tau Ceti: Nevoso 10

Nacida en Kappa Ceti, bajo el brillo de Belenos. Fue torturada durante la persecución de Nicolágeno, el iconoclasta. Se le venera en Aléxandros, en los mundos Veganos, en Lambda Arcturus y en Dracoferrata. Los restos que reposan en una cripta de la catedral de Tau Ceti desde 7612 han sido atribuidos insistentemente a la doncella. Sus pobladores aseguran que la chica fue rescatada de una nave al garete.

Maximilia, gobernadora plenipotenciaria de los mundos de la Liga Tracia durante el Cisma Iconoclasta, regencia de Nicolágeno, recorre los mundos conocidos persiguiendo creyentes. Entra al sistema de Belenos y ya en Kappa Ceti, arrasa el planeta sin tregua. Holanda, una niña de diecisiete años reta a las conciencias de sus paisanos: “¿A qué aguardan? ¿Es que ninguno o ninguna tienen el valor de presentarse ante esa estúpida iconoclasta y echarle en cara el pecado que comete persiguiendo a los que no hacen daño, a los que no practican el mal? Demostrad, cobardes, que sois creyentes y que defendéis al Mesías ultrajado”.

El gran poeta Napolitano Visconti canta maravillas de la inocencia y del celo por el Señor de los que Holanda era depositaria fiel. Sus padres, que conocían de sus arrestos, y que la sabían capaz de recriminar a la gobernadora, se la llevan a los lejanos mundos de la Liga Vegana. Pero desde su nuevo hogar, y a pesar del martirio de sólo comer verduras, la chica recordaba la situación de sus hermanos y no podía dormir.
Sin embargo Holanda era una niña que guardaba secretos que la llenaban de sentimientos contradictorios y confusos. Al menstruar por primera ocasión, prometió al Señor que permanecería virgen a perpetuidad si Este le mostraba el ingreso al Paraíso. Inmediatamente la niña cayó en trance y allí mismo se despojó de toda prenda terrena, de todo adorno y ornamento, de todo perfume y tocados y ofreció su cuerpo aun imberbe. A nadie refirió su visión extática ni que sus partes pudendas, sin contacto digital, cuando se inflamaban y latían, le conferían la inédita visión de la puerta estrecha.
Cierta vez, después de su visión, y a pesar del abatimiento post extático que la postraba, se levantó sigilosa y abandonó la casa camino del astropuerto. Pronto advirtió conmovida que un cortejo de ángeles iluminaba su camino en aquella noche aciaga. Al amanecer los inductores de campo de su nave la llevaron por los agujeros de gusano menos frecuentados ante el palacio ocupado por Maximilia. Para gran contrariedad de la gobernadora, a voz en cuello y con gran fervor, se erigió en defensora de sus hermanos y maldijo las persecuciones organizadas por Nicolágeno, el emperador iconoclasta. Maximilia, haciendo alarde público de tolerancia y conocedora de las debilidades del iconoclasta, comunicó a Nicolágeno de la existencia de la chica. Este sintió curiosidad y, pensando que la atraería con sus halagos, hizo que compareciera ante él con holocuerpos cambiantes. Holanda, al verse ante el emperador le dijo con valentía: “Decidme, puerco, ¿qué clase de furia es la que os empuja a perseguir almas y cuerpos que no hacen mal, y solo porque adoran a la misma Providencia que tú dices venerar? Eres peor que un idólatra y nada podrás hacer contra nosotros. El Omnipotente nos defiende”.

Nicolágeno, sintiéndose retado a persuadirla de convertirse en pecadora, se inhibió de matarla, pero la entregó a un grupo de sensualizadoras. Estas mujeres, expertas en toda suerte de artes amatorias, la observaron en secreto y constataron la estrecha relación que había entre el arrebato extático y su zona íntima. Le comunicaron la novedad al emperador quien, muy entusiasmado por el hallazgo, decidió que él en persona dirigiría la estrategia de persuasión. Se infiltró en la celda de la chica cuando esta salía de su trance, la hizo atar y hurgó sus partes pudendas con sus dedos. Un grito de dolor recorrió los pasadizos de las mazmorras cuando el emperador se atrevió a tocar aquel sitio santo, santo, santísimo. Cuando los guardias irrumpieron en la celda hallaron al emperador seco, como exprimido, en un mar de sangre. Antes de morir ordenó a las sensualizadoras que practicaran una ablación del clítoris de la chica. Holanda, llena de coraje, les dijo: “No pierdan el tiempo, idiotas, pueden torturarme, triturarme, descuartizarme en pedazos y esparcir mis despojos por toda la galaxia, que no podrán conmigo”.
Para cumplir la voluntad de Nicolágeno, se dispuso que un cirujano brutal le practicara la ablación de su clítoris sin anestésicos. A la mañana siguiente, al no comparecer el cirujano brutal ante Maximilia, esta fue personalmente a examinarla. Sobreponiéndose al terror de morir calcinada como sucedió con el emperador, usó reliquias sagradas para hurgar entre las prendas de la chica, y se sorprendió al ver que no había heridas, no había sangre, y que todo estaba en su lugar. Ordenó buscar al matarife, sin éxito. Luego mandó a que compareciera ante ella la priora del grupo local, que tenía afinidad con las posturas iconoclastas. Maximilia averiguó si la muchacha pertenecía a su orden y si, por ventura, la autoridad papal regía sobre su conducta. “Nada de eso” dijo la priora que, separando violentamente las piernas de la muchacha, arrancó su clítoris con una tenaza. Esa noche no se encontraron huellas de la priora ni de la ablación.
Finalmente, en janeiro de 6401, Holanda fue lanzada al espacio a su suerte. Tiempo después, cuando el imperio iconoclasta fue abatido, muchos trataron sin éxito de encontrar el navío que llevaba su cuerpo, pero su santidad Mateo XXXII la beatificó en 6537. Su sucesor Baltasarián III, el Negro, la canonizó un 10 de nevoso de 6554.
Suele ser invocada por pacientes que deben someterse a extracciones dolorosas. Se dice, pero la Santa Sede lo niega, que sea matrona de las chicas pajeras.
Santa Holanda Clit reducida

Santa Eulalia fogosa, Virgen y Mártir

Eulalia cabeza

Murió en Aléxandros en 4906 AD
Su fiesta se celebraba el 12 de Janeiro en el antiguo calendario litúrgico.
Cuenta la tradición que los padres de Eulalia (nacida Eurfrasia) no tenían descendencia a pesar de sus ruegos constantes y peregrinaciones a los Panteones Libres de Proteus, cuarto planeta de Nasurayev. Quiso la Providencia que la futura madre pidiera a una de las doce Vírgenes islamocristianas que interceda por ellos. Cuando la joven Eulalia conoció las circunstancias de su nacimiento cambió su nombre y se hizo cristiana.
Patroclus, quien sería después vicario en el planeta Alexandros, fue testigo de la muerte de Eulalia quien era para entonces una Diaconesa de la Virtud de edad avanzada. Su vida y milagros está registrada en una epístola que él, en persona, hizo circular en la red de Gnemonia y que fuera preservada de la piratería visigótica por Leonardo Fabio, obispo del planeta Argenta:
Queridos hermanos, que el Señor more entre vosotros.
Ha estallado una persecución contra los islamocristianos, por parte del populacho pagano de Proteus, en este el XV año del emperador Aminadab, el Bobo. Los fieles (Dios los tenga en su gloria) fueron arrastrados sin compasión fuera de sus casas y sus comunidades saqueadas. La persecución comenzó cuando un bardo proteico profetizó desastres planetarios causados por la presencia de nuestros hermanos, considerados impíos por no adorar a las deidades protectoras de Proteus, que ya suman el millar. A pesar de sus ruegos y abluciones, las manchas solares de Nusarayev y su estrella compañera Ambartsumián, arrasaron con las estaciones agrícolas de Trimegisto, el planeta menor.
Estos fueron los venerables mártires:
El primero fue el anciano Pausanias, a quien obligaron a proferir blasfemias contra el Altísimo. Cuando se negó, lo raparon, le clavaron hipodérmicas con nano asesinos intravenosos y lo mataron, literalmente, con la indiferencia.
Luego, la mahdi cristiana Octavia Fletcher fue llevada a uno de los panteones de Proteus para inducirla a realizar gestos de idolatría. Ella se dirigió a los falsos dioses con palabras de tanto desprecio que los cimientos del templo, adaptados a la diáfana y armoniosa frecuencia de las palabras sagradas de los sacerdotes y vestales de Proteus, cedieron ante la glosolalia de la mujer hasta colapsar, sepultándola junto a los infieles allí presentes. Por esos días, los fieles (que de la gloria de Dios gocen) no resistían, sino que fugaban al espacio, abandonando sus pertenencias sin queja, tan despegados estaban sus corazones de todo germen de posesión terrena. Su constancia fue tan vehemente y ejemplar, que no sé de ninguno que haya renunciado a la fe.
Finalmente se apoderaron de la diaconesa Eulalia, una anciana decodificadora y venerable. Conocedores de sus destrezas, todos los impíos presentes se mofaron a la vez y le sacaron la lengua, lo cual en este mundo provoca en el intérprete un ataque letal de flebitis. Después le dieron la espalda y se negaron a mirarla lo cual, en este mundo, provoca anorexia; y aun después, no satisfechos, ciertamente, de sus torturas sin cuento, prendiendo una gran hoguera fuera de la ciudad, la amenazaron con arrojarla dentro embutida en un traje de asbesto-fast que, como todos saben, es cancerígeno instantáneo, si no pronunciaba ciertas palabras impías contra el Hacedor. Eulalia les rogó que le dieran unos momentos de tregua, como si fuera a considerar su posición. Entonces, para dar testimonio de que su sacrificio era perfectamente voluntario, tan pronto como la dejaron libre, se lanzó dentro de las llamas sin el traje perjuro…
En la mayoría de las regiones de los mundos federados de Gnemonia se levantan iglesias y minaretes dedicados a Santa Eulalia, pero no se la venera en ninguno de los mundos de Nusarayev, aun cuando sufrió en Proteus. Ya San Agustín, un santo de las eras preatómicas del mítico planeta madre, explicaba por qué razón una mujer como Eulalia anticipó su muerte. El santo decía que, en tales casos, es de fieles y leales obrar por una dirección particular del Espíritu Santo, porque de otra manera no sería lícito hacerlo; porque nadie puede apresurar su propio fin.
Se la invoca a Santa Eulalia contra la vergüenza y el escarnio, contra los efectos de las dietas adelgazantes y las quemaduras. Por esa razón es la protectora de cocineros y bomberos, por igual. En las iconografías más antiguas se la representaba con el rostro verde, con su diestra verde y la zurda roja, y con una gran áspid multicrom, a sus pies.

Eulalia Fogosa

San Blastarf de Maq

San Blastarf de Maq

Fiesta: 18 brumario
Conocido también como Blastóforo, y cariñosamente como Blas
Patrón de pandemias, de enfermedades de la garganta y otorrinolaringólogos. +C.9316
Nacido en el mundo marino de Maq, San Blas hizo votos a la edad de nuestro Señor pero siguió ejerciendo la medicina por 20 años más antes de ser nombrado obispo en Arimán, cargo que ejerció con gran devoción y sacrificio hasta que, por cuestiones de edad, se retiró a la vida eremita en Flatflag, un asteroide hueco situado en el cinturón de asteroides de Cetus Solis Invicta. Hasta ese lugar lo acompañó su fama de sanador milagroso, adquirida en su mundo natal cuando salvó a una muchedumbre que se ahogaba debido a una reacción alérgica que cerró sus tráqueas. Según los abogados de Dios lo que hizo Blas fue toda una proeza de fe al extender sus manos y restaurar la respiración en más de veinte almas; según los abogados del diablo, lo que hizo Blas fue una audaz e irresponsable proeza de habilidad quirúrgica: practicar simultáneamente como veinte traqueotomías sin que ninguno de los pacientes se le muriera.
Quiso la Providencia que ese gesto fuese divulgado como obra milagrosa por los habitantes de aquel mundo subterráneo.
Asediado por el pecado encarnado casi siempre en multitudes, se cuenta que, en cierta ocasión, compareció ante el cráter de ingreso del asteroide Flatflag una docena de mujeres de vida licenciosa con serios problemas de hongos en las mucosas.
Las mujeres no se dejaron arredrar por las reglas de reclusión que el santo se había auto impuesto y desembarcaron sus bártulos y cobertores y, a pesar de las protestas del santo que exigía “un poco de silencio, por favor”, se posesionaron del lugar y se instalaron con sus gritos ahogados y tosigosos, con su cháchara vulgar, con sus espejos y aretes de fantasía y su música de burdel.
El santo muy profesionalmente, en medio de las burlas y sarcasmos de las doñas que generosamente abrían sus bocas, sus piernas, o se ponían en cuatro con el culo alzado, revisó las mucosas, extrajo muestras, hizo cultivos bacterianos y prescribió gárgaras, reprimió todo tipo de contacto bucal en otros genitales, amén de mucho ayuno y oración.
Luego del rosario de la tarde, el santo les explicó el origen de la afección. “Ay, pecadoras” les dijo. “Pecadoras del demonio. Todo su mal se debe a su poco grato oficio y a la actividad herética de vuestros cuerpos. Podría curaros con una simple imposición de manos pero, ya os veo infieles, volveríais a colocaros un glande en la boca antes de lo que decae un muón. Así que no me queda más remedio que curaros el alma antes de que se os escape del cuerpo”.
Justo es decir que los procedimientos de cura del santo eran poco ortodoxos. Más de un abogado del diablo trató de impedir su beatificación argumentando el escaso espíritu de fe que el santo era capaz de inducir en sus pacientes. Y así comenzó para aquellas mujeres probablemente la época más ardorosa y frustrante de sus pecadoras vidas, debido al carácter homeopático del procedimiento sanitario del santo.
Era su teoría de que el pecado tenía que manifestarse en su esplendor para que la propia alma de la pecadora creara la inmunización que devolvería la santidad al pecador. Y así dio comienzo a la sanidad espiritual de las mujeres, permitiendo que el pensamiento concupiscente las consumiera, por así decirlo.
Para el efecto, y con ayuda de macro gusanos anaeróbicos del cinturón de asteroides, el santo creó doce celdas esféricas donde aisló a cada una de las mujeres. La sanación fue, por decirlo de algún modo, personalizada; pero como los pecados eran los mismos, el método tuvo la virtud de penetrar en la bondad natural que emana de toda criatura humana por más vil que parezca.
De más está mencionar que, en vista de la soledad monacal el santo fue el objetivo pecaminoso de todas y cada una de las mujeres, presas como estaban de sus pensamientos más lujuriosos; pero el santo estaba curado de por vida para estas y otras tentaciones de manera que ante vulgares propuestas del fellatio el santo contestaba con cánticos y glosolalias; a la propuesta de porneia contra natura, el santo repuso con poéticas letanías, adecuadas para sosegar al exaltado, enfriar al ardoroso y desalentar al comedido. Con el tiempo las mujeres no solo curaron sino que hicieron un gran negocio del tratamiento aprendido, poniéndolo a disposición de las gargantas más profundas y viejas de los mundos conocidos.
De allí nace la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta, así como el uso de gargantillas con un pequeño dije que simboliza el prepucio de la santa circuncisión.

Cuando la cruenta persecución de Arítolaus, el desagradecido, llegó a los mundos de Argos Solis, sus cazadores fueron en pos de animatrones para los juegos de la arena. Estas feroces criaturas huyeron atemorizadas ante el despliegue de doma salvaje implementado por los cazadores, y unos cuantos trataron de refugiarse en los cráteres de Flatflag. Allí encontraron al santo en hibernación sagrada y lo arrestaron. Aritolaus trató sin éxito de hacerle apostatar. Finalmente fue echado a un lago del mundo Maq. San Blas, parado en la superficie, invitaba a sus perseguidores a caminar como él sobre las aguas y así desacreditar el poder de los falsos dioses de la cacería. Estos se ahogaron. Desgraciadamente, cuando volvió a tierra fue torturado y decapitado. C. 9316.

San Fortunato Geólogo, visionario

San Fortunato Geólogo

n. 7420. Fecha consagrada en el Calendario Canónico, 12 de hiperpluvioso,

Nació en Cantaforte, planeta periférico del llamado “Cuadrante Maligno” donde la herejía neo-cátara predicara antaño sus blasfemias y asentara sus bases de expansión. Cuéntase que, al practicársele la circuncisión, una mujer apodada la Beltraneja, asistente de parto y estéril debido a exposiciones radioactivas en su planeta natal (Beltrán del Eridano), sorprendida por la calidad erogénica de los genitales del santo, posó con fe sus labios en el glande prodigioso del neonato y, al instante, recuperó la fecundidad de su matriz. Los padres del niño, astronautas devotos y píos, conmovidos por las dotes extraordinarias del pequeño, supieron entrenarlo en principios de santidad con tal vehemencia que sus compañeros de juegos, cuando lo veían acercarse, hacían mofa gritándole: “¡He allí un santo vergón!”

Durante su infancia, como era costumbre en todos los niños cantafortianos, clasificaba rocas feldespáticas, basálticas y pizarras; pero luego conducía su carretón de muestras hasta algún paraje tranquilo, donde pasaba largas horas orando para que le fuera concedida la gracia de las visiones. Al cumplir quince años, entró a trabajar en los laboratorios de un minero de Alfa Arcturus, quien le empleó primero como colector y después como analista. Era joven todavía cuando aprendió a meditar durante el trabajo (hubo injustificadas quejas laborales de parte de la patronal) y pronto alcanzó un alto grado de contemplación mística que, sin embargo, no incluía visiones de la Virgen Venticordia, a quien quería consagrarse.

Sin arredrarse, Fortunato hallaba tanto en el Omnipotente como en las horrendas criaturas cantafortianas, abundante materia de meditación. Cierta ocasión un peregrino le preguntó cómo era posible dar con la presencia divina en medio de pedruscos tan miserables. El santo respondió: “Sólo mira con ojos sencillos.”

Cabe señalar que Fortunato era guapo; y aquel don divino habría de jugar un papel insoslayable en su áspero camino hacia la santidad. El caso es que jamás se dio por ofendido cuando era acosado por las vecinas del lugar y, en vez de responder groseramente, replicaba: “Ruego para que el Altísimo haga de ti una santa.” El relato de la vida de los Padres de los planetas Anhidros le produjo el deseo de seguir la vida de eremita; pero pronto comprendió que era un género de vida incompatible con su ser.
Todavía con dudas sobre su vocación, un accidente vino a mostrar la Voluntad Suprema. Se hallaba cavando catas con la ayuda de un par de bueyes pentacornios, cuando su jefe se acercó, ex profeso, en un ruidoso transporte. Los animales, espantados, derribaron a Fortunato quien trató de contenerlos; y aunque el carromato repleto de muestras le pasó por encima, se levantó ileso ante la estupefacción de su empleador. En gratitud por aquel milagro, Fortunato pidió ser admitido como hermano lego en el convento capuchino de Urbana Prime. El padre guardián, después de hablarle de la austeridad de la vida conventual, le dejó frente a una efigie de la Virgen alimentando al Niño con su pecho divino y lleno de gracia. “Considera”, le dijo, “que ella sufrió por nosotros.” Entonces Fortunato rompió a llorar y el superior comprendió que, si sentía tan intensamente el sufrimiento ajeno, debía ser un alma elegida.
Posteriormente Fortunato hizo el noviciado en Epífanes II, una de las lunas arcturianas, en un convento cercano a la famosa casa de modas planetarias de Fashion Plus. Como era de prever la fama de su belleza se regó más pronto que la de su santidad y pronto el convento se vio invadido por un inesperado turismo teológico que, justo es decirlo, dejó ganancias y riquezas, invertidas en ayuda para los pobres y en el desarrollo de nuevos manuscritos sobre auténtico papel de celulosa. Allí Fortunato, temeroso de las multitudes femeninas, se exponía temerariamente a sus toqueteos y masajes. Luego, humildemente, rogaba al Maestro de Novicios que redoblara penitencias y mortificaciones y le tratase con mayor severidad que a los demás, en apariencia más dóciles e inclinados a la virtud. Estos, que no eran mejores que él, le llamaban con envidia “Santo Falócrata”.
En 7450 AD, al cumplir los treinta hizo los votos. Cinco años después fue enviado a la Santa Sede donde, por cuarenta años, casi hasta el día de su muerte, salía por las calles sin mezquinar el don de su miembro milagroso. El oficio resultó pesado pero rendidor, y pronto la Sede Pontificia notó que las limosnas provenían, en su mayoría, de las mujeres de la ciudad. Cierta ocasión una dama de la nobleza pontiana, afligida por un eczema incurable adquirido luego de en un viaje al mundo Tlön, rozó el prodigioso miembro de Fortunato, quedando curada de inmediato. La fama del santo se volvió incontrolable y la Santa Sede trató de aislarlo, pero él se regocijaba por las humillaciones, fatigas e incomodidades callejeras que traía consigo y nada podía distraer su pensamiento de la gloria divina.
Algunas veces, durante los oficios, era presa de visiones extáticas a la vista de todos. Las mujeres, impactadas por la protuberante vitalidad de sus convulsiones, caían de rodillas, se persignaban y, ante las súplicas de Fortunato, que anhelaba una visión de la Virgen Venticordia, mostraban conmovidas y llenas de fe la abundancia de sus pectorales.
Ya anciano, el abad insinuó conmovido que fuese relevado de su oficio; pero aquello provocó una reacción tan indignada de parte de la feligresía femenina que Fortunato rogó que le dejasen ejercer de mendicante, argumentando que el alma se marchita cuando el cuerpo no trabaja. El Altísimo le llamó a Sí a los setenta y cinco años, sólo después de consolarlo en su lecho de muerte con una visión fulgurante de la Virgen Venticordia.

Glosario:
Herejía neo-Cátara, sus miembros perseguían la auto perfección sin el socorro de la Santa Sede.
Padres de los Planetas Anhidros; congregación de anacoretas que predicaban en los planetas desérticos de Gobi
Pontiano (a), gentilicio de los pobladores de Pontus Magister, planeta de la Santa Sede
Venticordia, con el “pecho al viento”

Santa Rosamunda Carter, la Virginal

Rosa Munda Carter

Fiesta: 5 de termidor
Patrona de Los paramédicos
Era Rosamunda una joven afortunada, de gran belleza y porte distinguido, hija de una de las familias más prósperas e influyentes de los mundos del cuadrante Cataláunico. En tal virtud, durante su mocedad llevó una vida plena de ocio, de emociones intensas -a menudo profanas-, amén de todas las tentaciones propias de la desenfrenada vida que se llevaba en Sybaria, el planeta administrativo del sistema Volpus. Quiso la Providencia que, a pesar de la pervertida y lujuriosa disolución a la que estuvo temerariamente expuesta, su castidad se mantuviera intacta para la Gloria de Aquel.
Cierta ocasión, antes de los 19 Rosamunda, imprudentemente, se hallaba en los alrededores del astropuerto rodeada de navegantes infieles y sin escrúpulos. Ante el peligro, fue rescatada por dos polizones prófugos de Aldebarán, a la sazón monjes mendicantes de la Orden neo Franciscana. Los predicadores, percibiendo el potencial de su celo, se convirtieron en sus tutores y profundizaron su fe en la Parusía del IV Mesías.
Para gloria del Altísimo Rosamunda hizo acopio de estas nuevas en su corazón. Tal como un día amara el desenfreno y las libaciones, atesoró por sobre todo su compromiso con el Novio Celestial. ¿No quedaron, acaso, tales hechos registrados en los anales cataláunicos, no quedó demostrado que el gobernador metropolitano, Quintiliano de Kolimes de Balzar, aprovechándose de la política represiva y persecutoria desatada por el gobierno contra los fieles, fracasó al intentar poseerla? Las propuestas del gobernador fueron natural y resueltamente rechazadas por la joven virgen, que ya estaba comprometida con el Panoptes, al que nada le es oculto.
Quintiliano torturó a la joven virgen con demoníaca dulzura. Vistió su cuerpo inmaculado con sedas de Xipango III, que tienen la virtud de sensualizar los terminales epiteliales hasta límites enloquecedores; pero la chica perseveró. Luego la ató con cuerdas de Velvet Canabis que causan al paciente una euforia compulsiva expresada en movimientos de cadera de generosa cadencia que generan varias mesetas orgásmicas por minuto, y que sólo puede controlarse con una inmovilidad absoluta, cosa que hizo la Santa. Luego hizo uso del lamido de gatos cataláunicos especialmente entrenados para goces carnales: primero atacó los pezones de la doncella pues, según se sabe, el lamido del felino induce múltiples orgasmos en las torturadas. Quintiliano, exasperado por la inmovilidad de la muchacha, dispuso que los gatos lamieran su vulva inmaculada. Es famosa la réplica de Rosamunda ante estas agresiones: “¿No te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno que de niño te alimentara, y la misma matriz que te incubara?”. Mientras duraba su martirio, la santa alcanzó varias veces el clímax místico y fue consolada con una visión del padre Adán en el paraíso primitivo que, milagrosamente, la protegió. Pero las torturas, que eran gloriosas para la joven virgen, continuaron de tal modo que fue meritoria de la palma del martirio, siendo finalmente arrojada a flujos de lava en Etna, uno de los mundos volcánicos del sol de Volpus.
Según la tradición, la escoria estelar de una explosión de supernova, avistada un año después de su martirio, se desvió milagrosamente de su trayectoria cuando los pobladores volpusianos rogaron por la intercesión de la santa. Por eso la capital Cataláunica la tiene como patrona, así como las colonias habitadas que orbitan a Zahir.
La iconografía de Santa Rosamunda suele presentar algún símbolo o gesto que recuerde las torturas que padeció (ver imagen de Rosamunda rodeada de gatos).

Santa Gertrude Stein de la Vera Cruz, Aureliana

Sant Gertrude SteinFue traída al universo un 12 de monzónico de 7891 en BelaTe Geuse (hoy Calkta, capital de la liga Indiriana, que pasó a federarse con Axos Dalet después del Segundo Cisma). Fecha patronal: 23 de germinal

Gertrude era el undécimo clon de los doce que se procuró el matrimonio Stein, siendo la criatura original Karen-Hapur, hija única de los Stein, y que muriera a los tres años un 12 de monzónico de 7871. Sus padres, Sigfredo y Augusta, dedicados al comercio, eran peregrinos hebrárabes. Él murió en Levanna de Orión de fiebres reumáticas antes de que Gertrude cumpliera los dos años, de manera que Augusta hubo de cargar con la dirección del comercio y la educación de sus clones.

Gertrude opinaba de sí como niña sensible, aguda, nerviosa e irascible, pero apunta que temprano maduró un temperamento reflexivo. Un pintor itinerante que le hiciera un retrato mientras pernoctaba en el mundo Vasudeva, recibió el reclamo de la madre, que se negaba a pagarle por cuanto no existía parecido con la niña. Gertrude, conciente de que en lo futuro la marea iconoclasta impediría que volviera a ser retratada, terció en el litigio y le dijo a su madre: “Págale, madre, ya me pareceré”.
En plena adolescencia deja la escuela de religión y la casa de su madre, segura de que no la iban a echar en falta, y porque no encontraba en el hogar el sentido para la vida. Surgen sus grandes dudas existenciales sobre el sentido de la misma, y se percata de la discriminación que sufren los clones. Desde entonces inicia su búsqueda, motivada por un sólo principio: “estamos en el mundo para servir a la humanidad”.

Como estudiante, se destacó por sus ensayos sobre historicidad en las singularidades hiper gravitatorias del espacio. El famoso teólogo Teodoro Salicílico, más conocido en los anales de la historia como “Finalín”, de la Universidad planetaria de Ganges la escoge para ser su asistente de cátedra, a pesar de sus atuendos alborotadores, de su esencia clónica y atea, lo cual no deja de ser impresionante.
Tratándose de un clon tenso y pasional, así como totalmente racionalista y ateo, latía, de manera extravagante en el fondo de su corazón, la semilla de la generosidad y de servicio al humano que, irónicamente, lo marginaba. No es de extrañar que decidiera enlistarse en la Cruz Roja como enfermera durante los cruentos episodios del II cisma. Durante esos años pierde contacto con su madre y sus hermanas clonadas. Testigos cercanos confirman sus reflexiones profundas: “¿Es uno realmente dueño de ese conjunto de actividades e intercambios energéticos y de información conocido como vida? Cuando la conflagración termine, si es que vivo, ¿podré pensar de nuevo en mis asuntos personales, si los que están en las trincheras tienen que sufrir calamidades, porqué he de ser yo una privilegiada?”

No cabe duda que toda su conducta revela que, si bien no reconocía a Dios –según las bulas pontificias vigentes-, el hallazgo de un alma buena en un clon la volvió solidaria con el humano transgresor. Todo el mundo la quería. Dios ya estaba preparando su alma para un día reinar en ella.
El Momento de la Conversión
En el año 7913, dos años después de la gran conflagración universal que abarcara más de 100 cuadrantes y unos 900 sistemas planetarios independientes, tras la muerte de un amigo muy cercano, Gertrude decide acompañar y confortar a la viuda, Eduviges Portocarrero. La muerte le causaba siempre una desolación interior muy grande, porque le hacía sentir la urgencia de dar respuesta a los grandes interrogantes de la vida. Gertrude pensaba que se iba a encontrar con una mujer desconsolada y deshecha por el vacío. Nada sería capaz de llenar su alma, ni de calmar su deseo de una verdad más profunda, más completa.
Fue un gran impacto para ella encontrar que su amiga, no sólo no estaba desconsolada, sino que tenía una gran paz y fe en el Pantocrátor. Viéndola, Gertrude deseó conocer la fuente de esa paz. Mientras estaba en casa de la viuda, tuvo acceso a la biografía de quien pasaría a ser su maestra de vida interior y Madre Fundadora, Santa Holanda Clit. Una vez que lo lee, Gertrude no puede soltar el libro y pasa la noche leyendo hasta terminarlo, tratando de asimilar la asombrosa proximidad que media entre la santidad y la profanación del cuerpo. Intelectual y lógica como era, Gertrude leía y analizaba cada página hasta que finalmente su raciocinio se sometió a la gracia haciéndola pronunciar estas palabras desde su corazón clonado: “ésta es la plena”.
Años más tarde, Gertrude encuentra a Teodoro Salicílico convertido en sacerdote itinerante de la orden Bautistas de Simeón, que predica en el mundo Tlön. Escucha su ritual y entonces le comunica su deseo de ser bautizada. El sacerdote asombrado le dice: “Pero si ayer no más te vi por Cantaforte, echa una locura, casi desnuda y seduciendo a todo cristiano que se cruzaba por tu camino”. “Mis hermanas clones” se dijo. “Tengo que hacer algo por ellas. Volveré”, le dijo al sacerdote. “Pronto vas a tener 12 almas que salvar”. “Búscame en el mundo Khmer” dijo Salicílico.

Y una década después, cuando el sacerdote había olvidado la anécdota con Gertrude, le llegó la noticia, precedida por milagros y actos maravillosos, que doce mujeres, conocidas mejor como “Las Aurelianas” se acercaban al mundo Khmer. El navío que las traía aterrizó en los prados del convento y quien bajó de la nave a saludar al sacerdote era la hermana Gertrude Stein, de la Vera Cruz, según se presentó. “Habla, Finalín” díjole al cura. “¿Nos bautizas, o no?” Aún cuestionada por su pasado ateo y origen clónico, como para recibir el sacramento de iniciación en la Fe del Pantocrátor, Gertrude respondió simplemente: “No somos nada.”

“Yo sólo deseo que la muerte me encuentre en un planeta lejano, cuyas coordenadas no consten en los mapas de navegación estelar, lejos de todo trato con los que esclavizan a los clones.” Son las palabras que adornan la entrada al templete de las Hermanas Calzas, edificado en su honor en el mundo Khmer. Fue beatificada y canonizada muchos años después de su muerte, luego de comprobarse que 144 milagros, a razón de 12 por velo, eran atribuidos a “las Aurelianas”.