De cómo fue posible que los marcianos aterrizaran en Quito

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George Rosen era ya un reconocido escritor, especialista en salud pública, doctor en filosofía e historiador de la salud, cuando en 1968 publicara Madness in Society – Chapters in the Historical Sociology (“Locura y Sociedad – Sociología histórica de la enfermedad mental”, 1974, serie Universidad de Alianza Editorial). En el prefacio Rosen aclara lo que NO es objeto del libro, y a lo que realmente aspira: NO se trata de una historia de la siquiatría, “sino la Sociología Histórica de la Enfermedad Mental, y la posición del enfermo mental, cualquiera que sea el modo en que se lo defina, en las sociedades de diferentes períodos históricos, y los factores (sociales, psicológicos, culturales) que han determinado dicha posición… El análisis histórico hace posible la penetración en las estructuras del pasado y en sus cambios, aclarando así nuestra comprensión del proceso de desarrollo que ha conducido hasta el presente”.
En las primeras líneas de la Introducción (Psicopatología en el Proceso Social) Rosen comenta cómo se dio el fenómeno de reacción popular masiva ante la versión radiofónica de Orson Welles de la célebre novela de H G Wells, “La Guerra de los Mundos”. Y en el pie de página, citando un trabajo de S.H. Britt (“Selected Reading in social Psichology”), alude a lo que sucedió en Quito 11 años después del fenómeno Welles. El libro transcurre a lo largo de 170 páginas más, pero no se vuelve a topar al tema, aunque nos queda flotando la sospecha de que la población quiteña y todos los desmanes que provocaron, fueron provocados por un momento atroz de insania mental a nivel urbano.
Cabe la pregunta: los marcianos que aterrizaron en Quito en 1949 ¿eran los mismos que, incitados por Welles, aterrizaron en New Jersey en octubre de 1938? Claro que no: eran 10 años más viejos; los unos llegaron cuando Hitler aún no invadía Polonia, y los otros llegaron acá después de la II Guerra Mundial, después de la guerra con el Perú (1941), y después de la revolución del 28 de mayo (1944) que terminó empinando el magistral dedo índice de Velasco Ibarra sobre la sufrida testa de los ecuatorianos de entonces. ¿Cómo se habrán imaginado los quiteños, me pregunto, a los marcianos? Para los ciudadanos de Quito de entonces, su imagen debía ser una mezcla de yumbos verdes con satanases rojos, todos emparentados con la masonería o alguna secta protestante. Iván Rodrigo Mendizábal me ha recordado que el evento aparece recogido en “La Linares” (Iván Egüez. 1975), y hoy lo volvemos a evocar a través de artículos y fragmentos de novelas escritas al respecto y reseñadas por Cristian Londoño y por Iván Rodrigo. Sería interesante conocer las pautas de comportamiento prevalente por el Quito de finales de los 40 y responder qué afectó tanto a los ecuatorianos de entonces