Que no sepa tu mano izquierda…

Mafalda en el espejo

Cosas del Nazareno.

Lo cierto es que de lado y lado, tanto partidarios del gobierno como de oposición, han tratado como asunto vergonzoso el identificar la fuente de sus donaciones para los damnificados del terremoto del 16 de abril.

Formados en los rigores, reblandecidos por cierto, del catecismo o similares, me figuro que todos estos cristianos han de pensar en la bondad silenciosa, en la prudencia, en la modestia, y en otras virtudes cardinales o teologales, como nortes del comportamiento caritativo… Principios que el opuesto no estaría observando.

Pero para ambos grupos es bueno saber no sólo qué y cómo se organizaron, sino cómo lo hicieron los otros, y el único modo de hacerlo patente es poniendo una marca en el producto, en la funda, en el vehículo… Y así todos aprenden, de los tiempos, del sistema usado, de la cantidad ideal de colaboradores, del porcentaje de aquellos que fueron vagos o esmerados por figurar, o que eran ineficientes, que eran poco honestos, o precisamente todo lo contrario; o del sistema de embarque, de la disponibilidad del transporte, de la logística de combustible y de la destreza de los conductores (y de su edad, sus hábitos, y de su resistencia ante las inclemencias cotidianas).

¿Cuántas toneladas manejaron a fin de cuentas? ¿Cuántas por día y cuántos participaron? ¿Habrá modo de responder  a esta y otras preguntas que, en el caso no deseado de eventos similares, tengan una respuesta no sólo solidaria sino más expedita?

Así que a no hacerse mala sangre. Llegan las fundas de Alianza País… ¿Quién las ordenó? ¿Hubo cálculo político o, simplemente, hete allí que había que guardar las cosas en algún lado y allí estaban?  El MIES, por ejemplo, ha estado en todos los inviernos, en todos los incendios e inundaciones del pasado reciente, ¿cómo no va confiarse en su organización? Y puede que el nombre de AP en las fundas resulte antipático, pero ¿cómo debió procederse? ¿Por qué la caravana de vehículos enviados por el MI cabildo guayaquileño ostentaba el origen de esa formidable donación? ¿Y por qué no? El principio es el mismo que usó una comunidad modesta de la Península de Santa Elena que rotuló en los sacos de dónde provenía esa ayuda…  A larga, todos ayudaron, las víctimas no son de nadie en particular; y es una idiotez, en medio del dolor de los daminificados, buscar mezquindades en la forma de ayudar o en los errores de distribución. Las redes, en tiempos impresionantes por su rapidez, de tan conmovedoramente solidarias volvieron a ser la cloaca de siempre, pero hasta de eso habrá que aprender.

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