Historia de mi CF (“La zorra del Aire”)

(A falta de reseñas, de críticos y de lectores)

Zorra 1

“La zorra del aire” nació a comienzo de los 90 como “Parásitos”. Es la única zorra que, en todos estos años, ha sido incapaz de lucrar por dejarse ver el culo, entre otras cosas porque su dueño no puso mucho empeño en hacer realidad ese espectáculo. Por esa época ya conocía a Esquilo Morán, que me presentó a mi compadre Joaquín Serrano y con quienes emprendimos la tarea de hacer un cómic. Escribí el guión, Joaquín diseñó los personajes y el concepto (de gozoso influjo Crepaxiano), mientras el compadre Esquilo buscaba productores. El  argumento de “La zorra del aire” –pensamos–  venía de perlas. Hasta nos hicieron un reportaje en el diario Hoy (14 de diciembre de 1992) donde aparecemos mozos el Joaco y yo.

Reportaje

Después de 12 años Quimera editores publicó “Cuídate de las Coriolis de agosto”, entre cuyos cuentos figura la dichosa Zorra convertida en prosa, con ilustraciones del suscrito. En diciembre de 2011 Laura Ponce (editorial Ayarmanot, Argentina), y su revista “Próxima”, publicó el cuento en “Próxima” con un par de ilustraciones mías también.

Pero la semana pasada Jorge Valentín Miño  (jvalmino.blogspot.com) me embarcó en una lectura muy al caso…  Un artículo de Luis Arbaiza: Exo-gnoseología (http://luisarbaizaescalante.blogspot.pe/2014/07/como-pensara-un-extraterrestre.html), ¡para que se piquen de mis lecturas! Con alcances más modestos, mis desafíos al escribir “La zorra del aire” tenían lo suyo… Para que nuestro ET no llegara a un suburbio californiano, había que hacerlo llegar al sitio más conspicuo de nuestro planeta que arbitrariamente ubiqué… ¡En el ecuador planetario! Aterrizarlo en Guayaquil obedeció a otros sentires… Destacar nuestros suburbios (¡no faltaba más!), nuestra jerga, nuestros gustos musicales, nuestros oficios periféricos (el co-protagonista del alien es un viejo cojo y colector de cangrejos de manglar), y nuestro desenfadado erotismo…

¿A qué viene el alien? Su misión es oler… Es reunir y catalogar fragancias de toda índole. Quién sabe qué pautas evolutivas habrá tenido su especie que aquello resulta ser tan importante, que anda por la galaxia metiendo -literalmente- las narices donde no ha sido llamada. Y además tiene poderes, o capacidades asombrosas: puede adoptar el cuerpo de una criatura humana, por ejemplo; lo que implica someterse a las limitaciones que aquel mimetismo conlleva: ver como humano (el alien lamenta no “ver” en el infrarrojo), tener que comer, evacuar… y lo que no se esperaba: experimentar orgasmos.

Al comienzo de la narración, se deja entrever que el alien toma la figura de una de las docenas de chicas en pelotas con las que el cojo decora sus paredes y su imaginación. Para él, salir al vecindario con una colorada bien despachada y algo inocentona, nunca dejó de ser una prueba de fuego para su paciencia y su monogamia súbita.

El alien considera que la lengua de los humanos es poética, y si apelamos a nuestro pana Eco, quien habría afirmado que los poetas deben construir mentiras hermosas, comprenderemos mejor su tolerancia y sus aires de inocencia al comenzar a convivir con los remilgados seres humanos.

Le sorprende al alien que su criatura compañera no le dé mucha importancia al olfato para urdir estrategias de conquista amorosa, por ejemplo. Pero como su capacidad olfativa ya no es extraordinaria desde que se hizo humana, la súcuba adopta a otra especie de la Tierra para que le ayude a identificar olores, y así nuestro alien es visto a menudo, entre las abacerías del barrio del cojo, con sus tanguitas y minifaldas rojas, con un perro que hace lo que todo perro hace: oler el culo -en este caso- de los humanos y humanas del vecindario. Así el alien se enteró de la existencia de una costumbre solapada, pero muy popular entre los vecinos llamada adulterio.

Pero aquí estamos, incluyendo en este artículo algunas de las formidables ilustraciones de Joaquín Serrano. Advierto que tener potestad sobre una zorra alienígena es un oficio que gusta pero que no rinde. Tomen a este artículo como un renovado intento por promover el culo de esta zorra, antes de que venga la derecha y nos dediquemos a rezar o a consumir, que para eso es que se reza.

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