“La de tacones”, (de la serie 200)

Navegantes

Ambos salieron del “Navegante Solitario”.
El más locuaz era un navegante viejo, muy ajado y de créditos completos; el joven estaba tristemente quebrado y jumo.
-¿Te llevo a tu nave?
-Sólo si adivinas cuál es.
El joven proyectó el itinerario del puerto.
-Aquí están las naves atracadas en esta luna. Le apuesto un trago a que adivino cuál es su nave, y a que usted no acierta a cuál pertenezco.
El hombre mayor repasó con empeño las siluetas de los navíos.
-¡Su nave! –Dictaminó el joven señalando un navío de rotor en proa, bodegas al fuste y toberas a popa.
El hombre mayor continuaba hipnotizado por la visión de esas 30 naves…
-¡O sea que era cierto, en este cuadrante los navíos son hembras!
-No solo hembras… Van modificándose conforme intiman con su tripulante favorito. Invierten su antimateria en viajar hasta Japeto donde hay una cepa de coralio y se someten a esas transformaciones que lo hacen babear.
-¡Listo muchacho, la tuya es la de tacones! ¡Y te ha dejado!
-¿De dónde viene?
-Tu nave lo indica, de Orión. Traigo al relevo de “La Gallarda”.
-¡¿De nombre Cecilia?!
-¿La Gallarda es tu…? -dijo perplejo-. ¡Venga, muchacho, has ganado ese trago!

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