Felicia (de la serie 200)

Felicia Plus

Felicia no tiene suerte con los hombres.
Pudo certificarlo en Portos, segundo planeta de Dumas, lugar extenuante adonde fue enviada como geóloga regente de obras de terraformación; tareas usualmente bien pagadas por príncipes y cardenales.
Arribaron en la “Magistra”, navío de tripulación mixta, con Enrico, “el infiel”, de timonel. Enrico, por entonces, era converso devoto de una secta monogámica. Para Felicia resultó impactante descubrir, a poco de aterrizar, al monógamo regodeándose no con una, ni con dos, sino con tres muchachas. La hembra lloró.
En pleno despecho descubrió primero la cueva y el estanque; y después al erovox, una pequeña especie que, al mojarse, emitía un quejido idéntico al orgasmo de una hembra humana.
Felicia juzgó necesario un baño en solitario, del que todos se enteraron.
Se desvestía cuando escuchó murmullos… Era Enrico, más la tripulación. Querían verla en pelotas, verle sus tetas, mirarle el culo. La hembra se ocultó y soltó al erovox, que comenzó a quejarse hasta que los murmullos volvieron.
–Felicia está culeando –opinó un tal Isidro.
–Vino sola –apuntó Romina–.
-¿Se estará masturbando? –preguntó Zoila.
Felicia sumergió al erovox, que repitió su queja… una y otra y otra vez
-Me voy, estoy sobrando –concluyó Enrico.

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